domingo, 6 de mayo de 2012

Y a estas madres…quien las felicita?


En este domingo primero de Mayo, ya es tradicional, se celebra el Día de la madre. Una llamada desde lejos, un regalo de los hijos, una visita, un almuerzo, un buen rato de compañía de los o las hijos e hijas, es lo que llena un poquito más el corazón de una madre. Esto, lo vemos a menudo en estos días. Pero, madres, hay muchas y no todas tienen la misma suerte. Otras, no saben si sus hijas viven, si los últimos cadáveres aparecidos en el desierto que separa Ciudad Juárez de la frontera de EE.UU., pertenecerán a sus hijas y no hay un peso para contratar al CSI, eso queda para las películas americanas…hablamos de las madres de Ciudad Juárez.


Las madres de la población mexicana de Ciudad Juárez buscan en el desierto o en la morgue a sus hijas desaparecidas o secuestradas, una situación que recuerda la tragedia vivida en los años noventa, que dejó entre sus habitantes, heridas aún no cicatrizadas.


El desierto del Valle de Juárez, un conjunto de pueblos agrícolas situados a las afueras de la ciudad, fronteriza con EEUU, se ha convertido en un cementerio clandestino de mujeres asesinadas y en lo que va de año se han encontrado al menos 48 cuerpos. Lupe, María Feliz, Carolina… son nombres de madres de victimas de secuestro, violación, asesinato, desaparición y difícil identificación de esas niñas de 16 a 21 años que, periódicamente dejan a madres sin ellas y sin sus cadáveres.


Son madres, lloran y añoran a sus hijas. En esta época del año, esas jóvenes desaparecidas y vejadas, fueron niñas de primera comunión, hicieron felices a sus familiares y dentro de sus limitadas posibilidades después del evento religioso, toda la família, venida de cualquier lugar de la comarca o estado, lo celebraron con una comida donde todos aportaban algo que echarse a la boca o beberlo para ese extraordinario momento que le unía. Llamamos madres de Ciudad Juárez, no porque sean de esa ciudad mexicana. No, esa ciudad, es la que le sirve de cementerio.


Lupe, María Feliz (Esa intención tenía el nombre al bautizarla), Carolina y muchas otras, son madres de Chiapas(estado muy pobre de Mexico), Guatemala, Honduras, El Salvador… Desde que las chicas salieron en busca de un mundo mejor para ellas y sus paupérrimas familias, andando, en pequeños trayectos de bus, lo que les duraran los pesos, etc. , las madres, no han dejado de rezar y llorar. Algunas llevan años. En ocasiones, se aferran a cualquier cosa, van en “peregrinación” si han podido conseguir algunos pesos y al llegar a esa ciudad, preguntan y preguntan.


Cuando acaba la poca plata que tienen, rezan, encienden algunas velas, miran al cielo y siguen llorando…apenas les quedan lágrimas…pero, la tristeza vive en sus corazones. Y sin embargo, no pierden la esperanza. Decía Paddock que; “El amor de una madre no contempla lo imposible “.



Y a estas madres…quien las felicita?Hoy no recibirán llamada alguna de sus hijas, ni siquiera un pequeño regalo, menos una visita. Les quedará los recuerdos de esa niña vivaracha, tímida, siempre hermosa…y una oración que desde aquí rezaremos por su alma.